Antonio Cánovas del Castillo
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| Período | 1876 – 1897 |
| • Partido político | Partido Conservador |
| • Predecesor | Martínez Campos |
| • Sucesor | Práxedes Mateo Sagasta |
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| Presidente del Gobierno provisional de España | |
| Período | 29 de diciembre de 1874 – junio de 1876, Constitución española de 1876 |
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| Nacimiento | Málaga, 8 de febrero de 1828 |
| Fallecimiento | Mondragón, Guipúzcoa, 8 de agosto de 1897 |
| Profesión | Político y diplomático |
Antonio Cánovas del Castillo (Málaga, 8 de febrero de 1828 – Mondragón, Guipúzcoa, 8 de agosto de 1897) fue un político e historiador español.
Fue una de las figuras más influyentes de la política española de la segunda mitad del siglo XIX al ser el creador del sistema político de la Restauración y convertirse en máximo dirigente del Partido Conservador, y considerado por muchos como uno de los políticos conservadores (lo que hoy en día se consideraría ultraderechistas) más brillantes de la época contemporánea española.
Contenido |
[editar] Biografía
Antonio Cánovas del Castillo fue hijo de Antonio Cánovas García, maestro nacido en Orihuela, Alicante, y de Juana del Castillo y Estébanez, hija de Juan José del Castillo, y prima hermana de Serafín Estébanez Calderón, el escritor.
Compaginó los estudios con su afición por la historia y en 1854 publicó su obra Historia de la decadencia española. Al mismo tiempo iniciaba su carrera política y se unía a Leopoldo O'Donnell, artífice de la revolución del 54 proclamada con el «Manifiesto de Manzanares», escrito por el propio Cánovas. Miembro de la Unión Liberal, en 1854 fue elegido Diputado por Málaga para las Constituyentes y, a la caída de O'Donnell, Gobernador Civil de Cádiz. Fue ministro de Gobernación en 1864 y de Ultramar en 1865 durante el reinado de Isabel II antes de proclamarse la Primera República Española.
Tras la Revolución de 1868 y fin de la monarquía borbónica se encarga de preparar la vuelta del que sería Alfonso XII hijo de Isabel II. En 1874 tras el pronunciamiento en Sagunto del general Martínez Campos y la proclamación de Alfonso XII como rey, se encarga de idear el sistema de la Restauración, siendo el redactor del manifiesto de Sandhurst, en 1874. Propone un sistema bipartidista donde los fraudes electorales periódicos, apoyados en el caciquismo hacían posible la alternancia en el poder, como medio de disipar tensiones. Así accedió siete veces al cargo de presidente del consejo de ministros de Alfonso XII.
[editar] La Constitución española de 1876
| Ideario político de Cánovas:
La política es el arte de aplicar en cada época de la historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible; nosotros venimos ante todo con la realidad; nosotros no hemos de hacer ni pretender todo lo que quisiéramos, sino todo lo que en este instante puede aplicarse sin peligro. (...) Hay mucha diferencia entre hablar de Constitución interna al lado de una Constitución expresa y escrita, en cuyo caso existe contradicción notoria, y hablar de Constitución interna en un país donde, por las circunstancias de los hechos, no queda en pie Constitución alguna escrita. Donde esto acontece no puede menos de decirse que no hay Constitución alguna vigente; y cómo, sin embargo de esto, es imposible que un país viva sin algunos principios, sin algunos fundamentos, sin algunos gérmenes que desenvuelvan su vida. (...) Llamad a esto como queráis; si no os gusta el nombre de Constitución interna, poned otro cualquiera; pero hay que reconocer de hecho que existe. [...] Invocando toda la historia de España, creí entonces, creo ahora, que, deshechas como estaban por movimientos de fuerza sucesivos todas nuestras Constituciones escritas, a la luz de la historia y a la luz de la realidad presente sólo quedaban intactos en España dos principios: el principio monárquico, el principio hereditario, profesado profundamente —a mi juicio— por la inmensa mayoría de los españoles, y, de otra parte, la institución secular de las Cortes. |
| Antonio Cánovas del Castillo |
El autor de la Constitución de 1876 es Alonso Martínez siguiendo el ideario canovista, haciendo gala de un Liberalismo Doctrinario Reformado. Cánovas también asumió funciones de jefe del estado durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena.
La Constitución del 76 es un texto flexible con el objetivo de permitir gobernar de manera estable a los partidos que acepten el sistema, sin embargo su inspiración es claramente conservadora. En ella se recoge:
- La declaración de derechos y deberes: es amplia y recoge las conquistas de la del 69, pero en la práctica estuvieron restringidos, especialmente los derechos de imprenta, expresión, asociación y reunión.
- El principio de soberanía compartida: establece que la potestad de hacer leyes reside en «Las Cortes con el Rey».
- La división de poderes: el poder legislativo reside en unas Cortes bicamerales. El Senado (compuesto por tres tipos de senadores: por derecho propio, por designación real y por elección). El Congreso es elegido por sufragio directo; será el partido que gobierne el que determine por la ley electoral si el sufragio debe ser censitario o universal.
- El poder ejecutivo lo ejerce la Corona a través de los ministros. El rey elige libremente al jefe de gobierno y no es responsable ante las cortes.
- El poder judicial es independiente.
- El centralismo se acentúa porque los ayuntamientos y las diputaciones son controlados por el gobierno y se suprimen los fueros vascos.
- La cuestión religiosa se resuelve mediante el reconocimiento de la confesionalidad católica del país y la garantía del sostenimiento del culto y del clero y el reconocimiento de otras creencias pero sin manifestaciones públicas.
El marco de actuación quedaba establecido en la Constitución para conseguir la estabilidad política se hacía necesaria la alternancia pacífica en el poder. Ello se logró a través del turno de partidos.
El nuevo sistema, fundamentado en la Constitución de 1876, era en teoría una democracia parlamentaria. Defensor del bipartidismo favoreció la formación de un partido liberal que aceptara la legitimidad del sistema político y pactó con el dirigente liberal Sagasta el turno político obligatorio, mediante el Pacto del Pardo en 1881. Decretó inicialmente el sufragio restringido en 1878, y hasta 1890 no se contempló el restablecimiento del sufragio universal masculino. Salvo dos breves periodos en los que ocuparon la presidencia Jovellar (1875) y Martínez Campos (1879), ocupó este cargo todo el tiempo que creyó necesario hasta que Sagasta estuviera preparado para acceder al poder en 1881.
[editar] Política colonial
Cánovas era integrante de uno de los grupos de presión, llamados «Ligas» que abogaba por la pervivencia del esclavismo en las colonias, pese a ello, debido a la presión de las sociedades abolicionistas, firmó la definitiva abolición de la esclavitud en España en 1886 y así, días después realizó unas declaraciones al periódico francés Le Journal en las que refería que:[1]
Su gobierno desarrolló una política colonial basada en la represión de los partidarios de la independencia cubana.[2] Esta política soliviantó el nacionalismo cubano, lo que acabaría llevando a España a perder la guerra contra Estados Unidos, así como una fuerte represión contra los disidentes internos. El antaño imperio colonial español desapareció, con la pérdida de sus últimas posesiones ultramarinas para frustración de la población española, impulsando los intelectuales una «regeneración» social, marcada por lo que se denominó «el desastre de 1898».
[editar] Canovismo
Se denomina «canovismo» a la corriente política que tiene como característica principal la desconfianza en la capacidad del pueblo para gobernarse por sí mismo, por lo que la autoridad política debería ser la monarquía. Por tanto considera inútiles el voto y la opinión popular. Este término proviene del nombre de Antonio Cánovas del Castillo.
[editar] El Decreto Orosio
Como defendía Cánovas y tras la puesta en marcha de su modelo político —el canovismo— mediante el denominado «Decreto Orosio» se suspendió la libertad de cátedra en España «si se atentaba contra los dogmas de fe», para afianzar el principio integrista que hacía de la nación un proyecto sostenido en la voluntad divina. Su aplicación apartó a muchos intelectuales de la Universidad, originando la creación de la Institución Libre de Enseñanza en 1876.[3]
[editar] Su muerte
Murió asesinado el 8 de agosto de 1897, en el balneario de santa Águeda, en el municipio de Mondragón, Guipúzcoa, por el anarquista italiano Michele Angiolillo, inscrito en el establecimiento como corresponsal del periódico italiano Il Popolo. Según declararía en el momento de su detención, el motivo fue la venganza por las muertes de los anarquistas detenidos en Barcelona a raíz del atentado contra la procesión del Corpus en junio de 1896.
Práxedes Mateo Sagasta, jefe del Partido Liberal y designado a la muerte de Alfonso XII, y tras la renuncia del propio Cánovas, Presidente del Gobierno en 1881, al glosar la figura de su rival político y amigo, pronunció la siguiente frase: «Después de la muerte de Don Antonio, todos los políticos podemos llamarnos de tú».
| Predecesor: Práxedes Mateo Sagasta |
Presidente del Consejo de Ministros de España 1874 – 1875 |
Sucesor: Joaquín Jovellar Soler |
| Predecesor: Joaquín Jovellar Soler |
Presidente del Consejo de Ministros de España 1875 – 1879 |
Sucesor: Arsenio Martínez-Campos Antón |
| Predecesor: Arsenio Martínez-Campos Antón |
Presidente del Consejo de Ministros de España 1879 – 1881 |
Sucesor: Práxedes Mateo Sagasta |
| Predecesor: José de Posada Herrera |
Presidente del Consejo de Ministros de España 1884 – 1885 |
Sucesor: Práxedes Mateo Sagasta |
| Predecesor: Práxedes Mateo Sagasta |
Presidente del Consejo de Ministros de España 1890 – 1892 |
Sucesor: Práxedes Mateo Sagasta |
| Predecesor: Práxedes Mateo Sagasta |
Presidente del Consejo de Ministros de España 1895 – 1897 |
Sucesor: Marcelo Azcárraga Palmero |
[editar] Referencias
- ↑ «Los negros en Cuba son libres; pueden contratar compromisos, trabajar o no trabajar… y creo que la esclavitud era para ellos mucho mejor que esta libertad que sólo han aprovechado para no hacer nada y formar masas de desocupados. Todos quienes conocen a los negros os dirán que en Madagascar, en el Congo, como en Cuba son perezosos, salvajes, inclinados a actuar mal, y que es preciso conducirlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos. Estos salvajes no tienen otro dueño que sus propios instintos, sus apetitos primitivos. Los negros de Estados Unidos son mucho más civilizados que los nuestros: son los descendientes de razas implantadas en suelo americano desde hace varias generaciones, se han relativamente transformado, mientras que entre nosotros hay cantidad de negros venidos directamente de África y completamente salvajes. ¡Pues bien! vea incluso en los Estados Unidos como se trata a los negros: tienen unas libertades aparentes que se les permite utilizar dentro de ciertos límites. A partir del momento en que desean beneficiarse de todos sus pretendidos derechos de ciudadano, los blancos salen rápidamente a recordarles su condición y a colocarlos en su lugar. Creo saber que por otra parte, en Estados Unidos no hay un solo hombre de estado serio e influyente que desee realmente la independencia de Cuba, ya que se dan perfectamente cuenta que la isla de Cuba independiente se convertiría en una nueva República Dominicana, una segunda Liberia que se retrogradaría de la civilización a la anarquía. Si el ejército español abandonase Cuba, serían las ideas sensatas, fecundas, liberales, progresistas de Europa las que abandonarían este país que ha sido el más rico, el más próspero de la América española. Lo saben tan bien en Estados Unidos que los espíritus exaltados y "chovinos", que también los hay allí, cuando reclaman la independencia de Cuba, la reclaman con la condición de colocar inmediatamente esta gran isla bajo el protectorado de la República de Estados Unidos, que ejercería una policía rigurosa… Cuba no habría hecho más que cambiar de dueños». (Antonio Cánovas del Castillo, Presidente de Gobierno, 1886 [1])
- ↑ «Para acabar con la insurrección en Cuba sólo hacen falta tres balas, una para Martí, otra para Maceo y otra para Gómez». (Antonio Cánovas de Castillo)
- ↑ Arturo Ruiz, Alberto Sánchez y Juan Pedro Bellón, Historiografía ibérica y el problema nacional. [2]
[editar] Bibliografía
- Comellas, José Luis, Cánovas del Castillo, Ariel, 1997, ISBN 84-344-6598-1
[editar] Véase también
[editar] Enlaces externos
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